Sherwood Anderson (1876-1941) es considerado por la crítica un precursor de la novela moderna norteamericana (influyó en Faulkner, Hemingway o Ford, entre otros), así como un maestro del relato corto y de la prosa directa y sin artificios. Preocupado por las clases más humildes y sus dificultades para adaptarse a una sociedad en vertiginosa evolución, Anderson alumbró en 1919 un libro capital de la literatura norteamericana: Winesburg, Ohio, un conjunto de veintidós relatos que conforman una especie de novela-mosaico, donde los habitantes del pequeño pueblo americano cobran protagonismo de una manera coral e ingeniosamente orquestada. La chica de Nueva Inglaterra (traducido para Nórdica Libros por Jacques Simon) lo componen una docena larga de relatos -la mayoría inéditos en castellano-, procedentes del libro El triunfo del huevo (The Triumph of the Egg, 1921). Aunque los personajes no se relacionan entre sí de la misma manera que en Winesburg, Ohio, no es tan diferente la materia humana que nos presenta el autor: minusválidos, ancianos abandonados, negros y marginados, trabajadores modestos, maridos asfixiados en su medio familiar, jóvenes solitarias que intentan encontrar su lugar en la vida… Una galería de seres desamparados y confusos, de existencias desconcertadas, soñadores de un mundo mejor a mil kilómetros de distancia… Dramas humanos suavizados en ocasiones por un toque humorístico, siempre narrados con sencillez y lirismo.
El primer relato del libro, «Quiero saber por qué«, narra una historia típicamente americana, ambientada en el mundo de los caballos de carreras. Un adolescente y la pérdida de la inocencia. El desmoronamiento de un ideal: el ídolo con los pies de barro. En «La otra mujer» se analizan los confusos sentimientos de un joven que comete una infidelidad la víspera de su boda: quizás una crítica a la esquizofrénica concepción burguesa del amor. «El huevo» es una hilarante burla de la ambición, de «esa idea tan norteamericana de intentar prosperar, de querer ser alguien en la vida». El narrador es el hijo de un modesto granjero, feliz en su mediocridad, que tras casarse con una ambiciosa maestra decidió montar sucesivamente -con resultados desastrosos- una granja de pollos y un restaurante. Una visión tiernamente cómica del fracaso. En «El hombre del abrigo marrón» se aborda el problema de la incomunicación: las reflexiones de un historiador, autor de «cuatrocientas mil palabras», que confiesa su incapacidad para transmitir algo personal a los demás. Ni siquiera a su esposa… «Hermanos» es una curiosa fábula en tres movimientos sobre la frustración que acompaña a los pequeños y miserables destinos humanos, que en ocasiones desembocan en la locura y el crimen. Al igual que «El hombre del abrigo marrón», lo leeremos como un poema en prosa. «La chica de Nueva Inglaterra«, el relato que da título a la recopilación, cuenta la historia de una muchacha ya madura que se ahoga en el estrecho círculo familiar en el que parece condenada a envejecer. Aunque el argumento parece de primeras muy convencional, nos seduce la maestría con la que al autor va construyendo ante nuestros ojos, de manera indirecta y creciente, la angustia de la protagonista, que culmina en la escena de la tormenta, perdida en ese opresivo campo de maíz que rodea como una selva la casa familiar. «La trampilla» narra las frustraciones de un matrimonio convencional, donde todo sentimiento permanece prisionero o anquilosado. La familia burguesa como una trampa. Al igual que en «La otra mujer»: la seducción de lo que no nos pertenece, de lo que aún es libre.
Reseña de Manuel Fernández Labrada

«Las vidas de la gente son como los árboles de un bosque que poco a poco van siendo estrangulados por enredaderas, y que finalmente mueren asfixiados. La enredaderas son a su vez viejas creencias, antiguos pensamiento plantados por hombres muertos. Yo mismo estoy cubierto por enredaderas que me están devorando poco a poco.» (traducción de Jacques Simon)
Es tan extensa la obra de Henry James que no debe sorprendernos que todavía podamos encontrar textos de gran interés inéditos en nuestra lengua. Bienvenidos sean. Nunca nos dolerá poder completar nuestro acervo de lecturas «jamesianas». La granadina Ediciones Traspiés nos presenta ahora (traducidas por María Teresa Sánchez Montesinos) dos novelitas del escritor norteamericano nunca vertidas con anterioridad al castellano: The Marriages (1891) y Louisa Pallant (1888), publicadas en fechas cercanas a la aparición de obras tan perfectas como The Aspern Papers (1888) o The Private Life (1892).
Entre los diversos libros de Pierre Michon traducidos a nuestro idioma en los últimos años, Abades destaca por su brevedad, intensa belleza y ambientación medieval. Pierre Michon (1945) es un escritor algo tardío (su primer libro, Vies minuscules, se publicó en 1984), autor de poco más de una docena de textos primorosamente escritos, de gran originalidad, que han recibido los elogios de la crítica más exigente y cuentan con un selecto grupo de lectores entusiastas (es decir, un autor de culto, como reza el tópico). Abades (Abbés, 2002) nos ofrece un tríptico de estampas medievales, escritas en una prosa tan elaborada y densa como la de un viejo cronicón medieval (a los que se alude con frecuencia), pero infinitamente más atractiva. Es difícil no pensar en el San Julián de Flaubert al leer estas historias de santos (incluso en Borges, con su amor a los códices y literaturas antiguas), aunque su factura es esencialmente distinta, muy personal. Los abades trazan rayas en el agua.
En el complejo contexto de la música culta contemporánea, la improvisación libre es una manifestación artística fuerte y de rigurosa actualidad, aunque tal vez no demasiado comprendida fuera de un selecto núcleo de iniciados. Quizás algún lector de estas líneas desconozca, pues, que en la improvisación libre no hay ni partituras ni esquemas previos, tampoco estilos predeterminados, sólo la libertad de unos músicos que crean, siguiendo su propio impulso estético, interactuando en un riguroso presente. Desde sus orígenes la música ha tenido en la improvisación un componente de primer orden, aunque con una dimensión muy variable a lo largo del tiempo y los diferentes estilos o formas. Pero la improvisación libre de hoy en día no es para sus defensores un revival de tiempos pasados, sino la culminación consciente de un antiguo anhelo de pureza y libertad. La improvisación libre hunde sus raíces epistemológicas en las teorías del filósofo francés Guy Debord, que en el contexto de los movimientos situacionistas que se iniciaron en la década de los 50 elaboró su concepto de deriva: un proceso en el que se primaba la libertad sobre la rutina, la espontaneidad sobre la rigidez.
Quien haya leído a Thomas Bernhard (1931-1989) no encontrará demasiado raro o enigmático el título de portada de este libro (¿Le gusta ser malvado?), pregunta que obviamente sólo cabe hacer a un escritor tan ácido, controvertido y misántropo como el genial austríaco. El subtítulo (Conversación nocturna entre Thomas Bernhard y Peter Hamm en la casa de Bernhard en Ohlsdorf, 1977) es desde luego menos original, más informativo, pero no deja de añadir su pincelada sugestiva: Seremos testigos de una charla entre amigos, en el propio hogar del escritor, nocturna por lo demás, en 1977, inédita… ¿Se cumplirán nuestras expectativas? Sí. Me atrevería a asegurar que hasta los que no conozcan a Bernhard la encontrarán apasionante.
Los hermosos días de Aranjuez (Un diálogo estival) es la última obra dramática del escritor austríaco Peter Handke (1942), cultivador de géneros tan diversos como la novela, el teatro, la poesía o el ensayo, y conocido en España por títulos como Los avispones, El miedo del portero al penalty, La mujer zurda, Insultos al público o El pupilo quiere ser tutor. Presentada en Viena el año pasado, Die schönen Tage von Aranjuez ha sido objeto en España de diversas lecturas dramatizadas y representaciones a lo largo de 2013 (como la del Círculo de Bellas Artes de Madrid), impulsadas por el Goethe Institut, que también ha patrocinado esta edición impresa de la traducción de Miguel Sáenz, publicada por la editorial madrileña Casus-Belli en su colección «La horda de oro». Las representaciones no he tenido ocasión de verlas, por lo que hablaré solo del texto, que al menos brinda la posibilidad de relectura, algo esencial en un texto tan denso. Basta con leer unas páginas para adivinar su dificultad interpretativa, el reto que ha de suponer subir a las tablas un discurso tan intenso y complejo.
La editorial valenciana El Nadir nos ofrece con El vaso de sangre y otros cuentos decadentes de París una selección de relatos breves de autores franceses, compuestos en su mayoría durante las décadas finales del siglo XIX, y que tienen en común -como el propio título ya anuncia- la ambientación parisina y un decidido gusto por hurgar en los aspectos menos amables de la sociedad urbana: situaciones macabras, perversiones, crímenes, ajusticiamientos, locuras y frivolidades, femmes fatales, ironías del «progreso»… Una selección que recoge relatos poco conocidos o inéditos en nuestra lengua de las grandes figuras del decadentismo francés, como Villiers de l’Isle-Adam, Octave Mirbeau, Joris-Karl Huysmans, Jean Lorrain o Catule Mendès. Pero también de otros literatos mucho menos conocidos y olvidados, seguramente menos exquisitos en su prosa, pero igualmente atractivos en su propia desmesura, protagonistas casi todos de vidas y obras extremadas, en el límite… Este es el caso de Joséphin Péladan, Jean Richepin, Dubut de Laforest, Maurice Talmeyr o Ernest d’Hervilly. Tampoco faltan en esta inquietante antología sendos relatos de Émile Zola y Paul Arène, autores no encuadrables habitualmente dentro de la etiqueta «decadente».
Al que no le espanten tan «góticas» portadas, ni tema los libros grávidos y voluminosos, podrá encontrar en esta propuesta de Valdemar, El principe Alberico y la dama Serpiente, una extensa selección de relatos de la escritora británica Vernon Lee (seudónimo de Violet Paget, 1856-1935), la más completa hasta la fecha reunida en castellano, traducidos por Marta Lila Murillo y Agustín Temes para el último número de la colección «Gótica» de Valdemar. La edición viene acompañada de una introducción -breve, pero muy densa y bien documentada- a la vida y obra de la escritora, con un análisis individualizado de cada uno de los textos traducidos.
Aunque poco conocido en España, Heimito von Doderer (1896-1966) es considerado por la crítica como uno de los escritores austríacos más importantes del siglo XX, o al menos de su segunda mitad. La editorial Destino publicó en 1981 Las escaleras de Strudlhof (1951), un texto de gran interés, recientemente reeditado en Debolsillo (2013). En los últimos años Acantilado ha sacado a la luz sus otras dos grandes novelas, Los demonios (1956) y Un asesinato que todos cometemos (1938), a las que ahora vienen a sumarse estos Relatos breves y microrrelatos (traducidos por Roberto Bravo de la Varga): un auténtico muestrario de los temas y maneras del escritor, una apreciable fuente de placer para el lector que se embarque en sus páginas.
Quien sólo conozca y aprecie a Rosalía de Castro (1837-1885) por su obra lírica, se quedará gratamente sorprendido cuando lea este extraordinario relato en prosa, Ruinas (El Museo Universal, febrero-marzo, 1866), que, junto con La hija del mar, Flavio, El caballero de las botas azules y El primer loco, constituye la principal aportación de la poetisa gallega a la narrativa romántica española. Ya se sabe que la mayoría de los clásicos goza de sesudas ediciones, bien surtidas de prólogos y anotaciones, libros que no siempre llegan con facilidad a los lectores. El acierto de la editorial Eneida al presentar este relato en su colección Confabulaciones radica precisamente en esto: en rescatarlo de ese purgatorio que supone en ocasiones la edición para especialistas, y restituirlo a la literatura viva, aquella que no necesita para emocionarnos de otra apoyatura que su texto desnudo. En realidad, los verdaderos clásicos son los que menos explicación necesitarían, si es verdad que se mantienen vivos. Sobra decir que el texto de Ruinas está disponible en otras múltiples ediciones, digitales o no, incluida la del vetusto volumen de sus Obras Completas en Aguilar.





