Al brillar un relámpago escribimos

Captura de pantalla finalAl brillar un relámpago escribimos reúne un total de 226 minificciones, compuestas bajo la arriesgada bandera de la ironía y la parodia. Gracias a la generosidad de Ediciones Trea, y muy especialmente a la de su editor, Álvaro Díaz Huici, sale a la luz este cáustico juguete literario, que de alguna manera continúa y completa mi anterior libro, Ciervos en África. Amparado por el fulgurante verso de Bécquer, Al brillar un relámpago escribimos despliega sobre el lector cinco diferentes nubes de tormenta, preñadas de relámpagos de muy diversa índole, pero coincidentes todos en abatirse sobre dominios cercanos a la experiencia del autor: Tipos de cuento, La feria de los machistas, Colgados del pentagrama, Heridos de tiza y El peor amigo del perro. Decididamente malévolas en su intención, no estará de más que el lector sepa acogerse, a modo de infalible pararrayos, a la misma mirada punzante con la que fueron escritas.

Al brillar un relámpago escribimos, Gijón, Ediciones Trea, 2022, 140 pp.

• Reseña de Rubén Castillo Gallego en Librario íntimo

 Reseña de Francisco Martínez Bouzas, enBrújulas y espirales

 Reseña de Francisco Hermoso de Mendoza, en Devaneos

 Reseña de José Luis Rodríguez, en Libros de Cíbola

De la misma manera que es posible matar a una persona sin herirla en ningún punto vital, aquella malevolente crítica logró acabar con el libro sin acertar en ninguna de sus valoraciones.  
(El valor de la crítica: Palos de ciego)
Su macabra costumbre de desenterrar textos perdidos de segunda categoría para insuflarles nueva vida y ponerlos luego al alcance de los despiadados lectores y críticos contemporáneos tuvo su merecido castigo a manos del encolerizado fantasma del olvidado escritor.
(Frankenstein, Ph. D.)
Contra todo pronóstico, el éxito del promocionado libro resultó efímero. Ni los conservantes habituales de la editorial, ni los colorantes y potenciadores de sabor añadidos por los críticos, ni la atmósfera protectora de las librerías, ni tan siquiera las potentes cámaras frigoríficas de la venerable institución que le otorgó su premio lograron prolongar un solo día su fecha de caducidad.
(Libros de cocina: Obsolescencia procesada)
Su modelo inconsciente era Othar, el caballo de Atila, y su propósito inconfeso, que ninguna palabra del odiado escritor volviera a brotar en forma de poema.
(El valor de la crítica: Patada de caballo)
Dado que la esperanza es el gran sostén de la felicidad humana, podemos vanagloriarnos con justicia de mantener suspendidas, durante larguísimos espacios de tiempo, las infundadas ilusiones de todos aquellos ingenuos autores que han confiado en nosotros enviándonos sus originales.
(The Facts in the Case of M. Valdemar)
«… sentí una fuerte comezón en la punta de los dedos y me dispuse a escribir lo que bullía en mi mente. Tras quince minutos de intenso trabajo me detuve y conté las líneas de texto. ¡Eran catorce! Luego medí los versos… ¡y anoté once! También observé las rimas, que manifestaban una asombrosa regularidad. Admirado ante tanta belleza, hice una rápida consulta online en el ordenador y confirmé mis sospechas: ¡Era un soneto!».
(Historias de éxito: Taller de escritura automática)
El espectáculo que siempre ha cosechado un mayor aplauso entre el público femenino de nuestro circo es el de Houdini, el escapista, sobre todo desde que difundimos la noticia de que su ayudante ―es decir, la persona encargada de atarlo, amordazarlo, lastrarlo y arrojarlo luego a la piscina― era su propia esposa.
(Fantasías femeninas)
«… y así, sabemos que Sacher-Masoch, durante su infancia, fue llevado por su padre repetidas veces a la feria; y que allí, a fin de robustecer su valor, le hacía acariciar, a través de los barrotes de la jaula, las pieles de leonas y tigresas adormecidas; así como viajar solo en los vagones del tren del miedo, donde pronto aprendió a sufrir con entereza ―y cierto deleite, creemos― los tremendos escobazos de las brujas, que en aquel tiempo eran representadas siempre por zíngaras disfrazadas de singular atractivo».
(S. Freud, Unveröffentlichte Briefe)
En realidad, la famosa obra de John Cage que pudimos escuchar ayer en el recital solo pretende recuperar para su arte al público más conservador: aquel que se confiesa incapaz de escuchar reiteradas estridencias en los conciertos de música contemporánea.
(4′33″ de descanso)
Los mejores debates de la televisión los ofrece una popular cadena de nuestro país, cuyo moderador ha logrado que los cuatro tertulianos que se reúnen cada noche en el plató hablen todos a la vez. Se consigue así no solo un valioso ahorro de tiempo, sino también una interesante polifonía conceptual que hace las delicias de los televidentes más cultivados. La nada inocente elección de dos hombres y dos mujeres para protagonizarlos ―verdadero cuarteto vocal― garantiza el equilibrio tímbrico, de género y tonal de las voces, haciendo posible el seguimiento de las diferentes líneas argumentales, tarea no siempre fácil en este tipo de programas. La aburrida monodia que nos imponía la autocrática costumbre de que cada participante monopolizase su turno pertenece ya al pasado.                                                  
          Alcanzada esta admirable polifonía participativa, es deseable que la evolución estética de los debates televisados no se detenga en este primer escalón, y que pronto podamos disfrutar (además de las complejas texturas atonales y dodecafónicas que ya comienzan a escucharse) dramáticas performances en las que manos, pies y cabezas, recobrando su elocuencia ancestral, subrayen contundentemente la solidez de los diferentes discursos políticos en pugna.
(Teatro musical)
De la misma manera que alzamos la voz cuando nos fallan los argumentos, aquel perspicaz director de orquesta siempre tocaba fortissimo los pasajes más aburridos de las obras que interpretaba.
(La mejor defensa)
El enigma de los extraños garabatos descubiertos en la famosa cueva, que algunos arqueólogos comenzaban ya a considerar posibles amagos de escritura protohistórica, se ha aclarado finalmente al difundirse la noticia de que el yacimiento había sido visitado el año anterior por los alumnos de nuestra escuela, que desearon dejar un testimonio escrito de su admiración.
(Cuaderno de caligrafía)
«La corbata es el fetiche moderno por antonomasia, equivalente a una cola [verga] domesticada y lacia. Su reconocida respetabilidad emana de los valores sociales que representa. Un nudo bien hecho y el extremo de la prenda oculto bajo la chaqueta ―o mejor aún, fijado con una pinza a la camisa― nos garantizan que su portador no nos fastidiará con inoportunos arranques de espontaneidad».
(«Sujetos por la cola» ap. S. Freud, Tótem y etiqueta)
Cuando empezaron a llegar rumores de que las naves extraterrestres se llevaban a los perros ―y no a las personas―, comenzamos a sospechar que quizás hubiera algo de cierto en el asunto.
(Fake News)
CANIS CUSTOS. loc. lat.; literalmente ‹guardián del perro›. Dícese de un tipo de animus domesticus que protege a la especie Canis lupus familiaris desde tiempos inmemoriales. Ha sido descrito como un angelote oscuro de ojos fosforescentes, muy peludo, similar a un murciélago y apenas mayor que una rata. De vuelo pesado, normalmente cabalga sobre el lomo de su perro, del que solo se aparta unos metros durante el momento del baño. Poco visible para el hombre, se le puede escuchar, a altas horas de la madrugada, mientras bebe de la cubeta del perro; o bien, cuando revolotea por encima de nuestra cama para recordarnos que esa noche no le hemos cambiado el agua a su pupilo. De inteligencia poco despierta (en ocasiones ha salvado la vida del amo), muestra escasa capacidad protectora frente a palos de escoba, puntapiés, atropellos y otras variadas amenazas humanas. Por contra, es capaz de neutralizar con eficacia los arañazos de gato y las mordeduras de otros canes. Su más renombrada habilidad consiste en guiar al animal perdido ―siempre que lo desee― en su camino de retorno a la casa. Tras la muerte de su protegido, no es raro que el canis custos se quede un tiempo en el hogar, aunque solo si el perro fue bien tratado. Descargado de su principal responsabilidad, duerme entonces durante todo el día, y solo por las noches recupera una cierta actividad, induciendo felices sueños en los que la perdida mascota vuelve una y otra vez para jugar y pasear en la compañía de sus amos.
(Perra suerte)

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