Relatos, de Thomas Bernhard

El escritor austríaco Thomas Bernhard (1931-1989) es una de las figuras más relevantes de la literatura en lengua alemana del siglo XX, así como una de sus voces más estremecedoras y originales. Autor de una obra extensa, en la que destacan títulos ya clásicos como El malogrado o El imitador de voces, Bernhard refleja en la mayoría de sus textos una imagen muy amarga del hombre actual: la inanidad de su destino, su incomunicación, su dificultad para permanecer cuerdo en una medio radicalmente hostil… Seres frustrados, enfermos, suicidas y locos pueblan muchas de sus novelas y relatos, siempre en contacto con la cara menos amable de la realidad. Alianza acaba de reeditar este interesantísimo conjunto de relatos, seleccionados y traducidos por Miguel Sáenz, gran conocedor de Bernhard y su más insigne traductor. Los textos, escritos originariamente entre 1967 y 1971, pertenecen a la etapa más fructífera e interesante de Bernhard, de la que ofrecen un muestrario representativo y muy coherente.

El primer relato, «La gorra» (Die Mütze, 1967), tiene como protagonista a un enfermo mental que vive solo en un viejo caserón. Como es habitual en la prosa de Bernhard, enseguida toparemos con uno de sus recursos constructivos preferidos, la repetición insistente, cuidadosamente planificada, de frases e ideas, un procedimiento que se ha equiparado con los principios compositivos de la música —un arte que Bernhard estudió y apreció siempre—, y que en el caso concreto de La gorra percibimos como la proyección del temperamento obsesivo del protagonista: una «enfermedad que, hasta hoy, nueve médicos no han sabido explicar». El hallazgo casual de una vieja gorra tirada en la calle exacerbará todas sus neuras y sentimientos de culpa, embarcándolo en una inútil y descabellada búsqueda del propietario, único remedio para librarse del pensamiento obsesivo que el objeto simboliza y, a la vez, encarna. Lo dramático del caso no impide que el relato se revista de una notable comicidad, que deriva en ironía cuando se alude a los médicos que han tratado al enfermo. «¿Es una comedia? ¿Es una tragedia?» (Ist es eine Komödie? Ist es eine Tragödie?, 1967) refleja, por un lado, la ambivalente postura de Bernhard frente al teatro, género que ha denostado y cultivado con notable éxito; y por otro, su consideración de la existencia humana como una oscilación continua entre los dos extremos: lo trágico y lo cómico. Los comportamientos obsesivos y perturbados del relato anterior se prolongan en este, pero ahora asumidos por un travestido con el que el narrador entabla conversación, y al que acompaña en una delirante caminata nocturna donde la desgracia, el crimen y la culpa («el mundo entero no es más que una jurisprudencia. El mundo entero es un presidio») no tardarán en hacerse manifiestos. «Mindland en Stilfs» (Mindland in Stilfs, 1971) es otro estupendo relato, que recoje muchas de las pulsaciones narrativas de Bernhard, tanto en el estilo como en los personajes y situaciones. Stilfs es un pueblecito de alta montaña, idílico para los visitantes de fin de semana, pero un agujero infernal para los residentes: un puñado de frustrados, lunáticos y suicidas en su mayoría. El narrador, junto con su hermano Franz, su hermana inválida Olga y un ayudante desquiciado, Roth, intentan llevar adelante una ruinosa explotación agrícola; es decir, permanecen atrapados diabólicamente por una herencia paterna de la que no han sabido liberarse y que terminará aniquilándolos. A ellos se contrapone la figura del inglés Mindland, visitante ocasional y amigo de la familia, que representa la visión exterior, en apariencia documentada, libre e inteligente, pero en realidad miope, y tan inoperante como las demás. «Ungenach» (1968) es un texto mucho más extenso que los anteriores, compuesto de manera fragmentaria y enunciado por voces diversas. De alguna manera, un complemento del relato anterior, por cuanto que Robert Zoiss, el protagonista principal de Ungenach, es un heredero que intentará liberarse del colosal legado paterno que pende sobre su cabeza (bosques, haciendas, tierras, fábricas…) mediante una donación. Un texto estimulante —en ocasiones divertido, en otras atrozmente depresivo—, que se inicia con las delirantes disquisiciones filosófico-políticas del abogado Moro, un personaje bastante reaccionario y contrario a la «monstruosa donación» que pretende realizar su cliente, y que supondrá la pulverización del legado como tal. Siguen las listas y anotaciones de Robert acerca de las personas que se verán favorecidas por la entrega de las distintas propiedades: una variopinta suma de tipos donde no faltan ni presidiarios ni locos. Finalmente, los «Papeles de Karl» (el atormentado hermanastro desaparecido) configuran un heterogéneo conjunto de cartas y reflexiones que nos adentran en el tenebroso corazón del legado. «Watten» (1969), subtitulado Un legado, es otro texto de extensión similar al anterior: la escalofriante radiografía de un grupo de seres destruidos a los que solo parece mantener vivos una partida semanal de watten (un juego de cartas austríaco con cuatro participantes). Un texto obsesivo y recurrente hasta el extremo, colmado de reflexiones nihilistas y «anécdotas» truculentas (como la de los dos grajos), y que tiene como núcleo la macabra historia vivida y narrada por el Viajante.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«Creemos haber vivido y, en realidad, hemos muerto lentamente. Creemos que todo ha sido una lección, y sin embargo no fue más que una extravagancia. Miramos y reflexionamos y tenemos que contemplar cómo todo lo que miramos y lo que reflexionamos se retira, cómo el mundo, que nos propusimos dominar o, por lo menos, cambiar, se nos retira, cómo el pasado y el futuro se nos retiran, cómo nos retiramos de nosotros, y cómo, con el tiempo, todo nos resulta imposible. Existimos todos en un ambiente de catástrofe.» (Ungenach, traducción de Miguel Sáenz)

Acerca de Manuel Fernández Labrada

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2 respuestas a Relatos, de Thomas Bernhard

  1. entreelibrosblog dijo:

    Hola, ¿nos seguimos? 😊

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