La maravillosa historia de Peter Schlemihl, de Adelbert von Chamisso

ImprimirAunque no son pocas las traducciones con que contamos en nuestra lengua de este famoso y singular libro, La maravillosa historia de Peter Schlemihl (1814), siempre recibiremos con simpatía una nueva edición del texto, sobre todo si resulta tan atractiva como la que acaba de publicar Navona en su colección de Ineludibles. A la muy cuidada traducción de Xandru Fernández se suman las clásicas ilustraciones y siluetas de Emil Preetorius, compuestas para la edición alemana de 1908. El interesantísimo texto de Thomas Mann que oficia como epílogo del libro es otro de los valores de la edición. Partiendo de una emotiva evocación de sus lecturas escolares —en las que Chamisso ocupaba un lugar de preferencia—, el novelista alemán traza una aguda panorámica del autor y su obra. Una estupenda oportunidad, pues, para adentrarnos por vez primera en esta fascinante novela, una de las cumbres —menor, si se quiere— de la novela romántica; pero también, ¡cómo no!, una excusa perfecta para su relectura: una gozosa experiencia a la que muchos incondicionales del conde Peter no sabremos resistirnos (uno de sus primeros admiradores fue Hoffmann, que bajo su directa inspiración modeló el personaje de Erasmus Spikher, protagonista de la deliciosa Aventura de una noche de San Silvestre). Es lo que sucede con los clásicos, que nunca nos cansamos de releer. Y es que aquella famosa máxima de Heráclito que certificaba la imposibilidad de bañarnos dos veces en el mismo río también rige para los libros, garantizándonos que siempre encontraremos algo nuevo entre sus páginas.

La maravillosa historia de Peter Schlemihl en una entretenida novela fantástica protagonizada por un desamparado joven que, en un momento de irreflexión, vende su sombra al diablo a cambio de la bolsa de Fortunato, una prodigiosa máquina de fabricar monedas. Consumado el trato, con los bolsillos repletos de oro, nuestro ingenuo personaje comprobará enseguida lo difícil que resulta vivir en sociedad bajo el estigma de no proyectar una sombra en el suelo, cuando «hasta un caniche tiene su propia sombra». Caballos que salen de los bolsillos, sombras que se recortan del suelo, un nido que hace invisible a quien lo porta, botas de siete leguas… La maravillosa historia de Peter Schlemihl es un relato preñado de sucesos fantásticos, pero con un fondo moral fácilmente perceptible, abierto a variadas interpretaciones. A este respecto, se suele señalar una supuesta identificación de Schlemihl con Chamisso (1781-1838), que en su condición de emigrado francés en la corte prusiana pudo sentirse tan marginado como su propio personaje. La pérdida que sufre su alter ego se correspondería con su condición de apátrida: una dolorosa vivencia que se iría suavizando con el paso del tiempo, conforme llegaban los honores y el reconocimiento público que le brindaría el estado prusiano en su madurez. En cualquier caso, cabe sospechar que las peripecias fantásticas del protagonista y el humor irónico, delicioso y leve, del autor enmascaran un fondo de mayor alcance que lo meramente maravilloso: la radiografía de una sociedad que se mueve solo por el dinero y bajo falsas apariencias. Así, la novela parece advertirnos de que la falta de cualquiera de esas dos magnitudes, ya sea el dinero o la honorabilidad que emana del respeto a la norma común —simbolizada por la sombra perdida— conduce a la exclusión social. Solo renunciando al alma, es decir, enajenando nuestra cualidad humana más valiosa, nos será posible combinar ambos principios —en realidad, no tan antagónicos como complementarios en la estimación mundana—: un extremo que el honesto Schlemihl no estará dispuesto a suscribir (y más aún tras observar a la condenada alma del señor John asomando de la faltriquera del hombre de gris: una inesperada escena, tan aterradora y siniestra como las mejores de Hoffmann). No pudiendo, pues, recuperar la sombra, salvo al precio de comprometer su alma, se impone para Schlemihl la conveniencia de alejarse de los hombres, la soledad absoluta; y por ende, la renuncia a un dinero fácil que ya no le serviría para nada en su nuevo estado: la bolsa de Fortunato terminará arrojada a la sima sin fondo. Las escenas finales de la novela, con el protagonista visitando todos los rincones del planeta, calzado con las portentosas botas de siete leguas, casi feliz en su aislamiento y dedicación a la ciencia, alejado de una sociedad ávida de dinero —cuyo origen no le importa siempre que se guarden las apariencias—, nos brindan una amarga lección de misantropía, apenas atemperada por su tangencial reencuentro con Mina y Bendel, que parece reabrir un resquicio a la esperanza. Compuesta por su autor a la edad de treinta y pocos años, en un momento crucial de su vida, La maravillosa historia de Peter Schlemihl nos ofrece una serena visión de las debilidades humanas, de nuestra cobardía ante lo singular y lo diferente, de la inestabilidad de la fama y los afectos coyunturales, de la fragilidad de los amores románticos…, todo asumido con una filosofía rebosante de fino humor, comprensión y humanismo.

Reseña de Manuel Fernández Labrada

«Me quedé allí sentado, sin sombra y sin oro, pero estaba contento: me había quitado un gran peso de encima. Si no hubiera perdido a mi amada, o si me hubiera sentido libre de responsabilidad por haberla perdido, creo que habría podido ser feliz. Pero no sabía por dónde empezar. Busqué en mis bolsillos y encontré en ellos algunas piezas de oro. Las conté y me reí. Mis caballos estaban abajo, en la posada, y me daba vergüenza volver allí. Debería esperar al menos hasta que se pusiera el sol, que estaba aún muy alto en el cielo. Me tumbé a la sombra de unos árboles cercanos y me dormí tranquilamente» (traducción de Xandru Fernández).

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Acerca de Manuel Fernández Labrada

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2 respuestas a La maravillosa historia de Peter Schlemihl, de Adelbert von Chamisso

  1. Libros de Cíbola dijo:

    Leí hace bastantes años este interesante relato en una vetusta edición de Bruguera comprada en una librería de viejo. Me han entrado ganas de releerla de nuevo. Saludos.

    • Una de mis primeras fue la de Anaya de los años ochenta, que recogía una parte del texto de Mann (el fragmento referido a la novela), junto con los grabados de Cruikshank (para la edición inglesa) y Preetorius, aunque no todos. La de Navona me parece muy completa y recomendable. Para disfrutar del libro quizás no sean imprescindibles las ilustraciones, pero los grabados de Preetorius parecen haberse fundido en nuestra imaginación con el texto original. Que disfrutes de la relectura. Un cordial saludo.

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